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 El regreso de tenebrosis.

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Frambuesaynata
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MensajeTema: El regreso de tenebrosis.   Jue Abr 01, 2010 1:14 am

weno ya se qe el foro esta muerto pero bueno xD el titulo es un puto asco pero en fin.
Leedla y postead porfa! *-*

--

Capitulo I:

Aquel era un hermoso día. Se trataba de un día normal, soleado con pocas nubes en el cielo, un día cálido en el que el sol iluminaba el bosque famoso por las tonalidades azules de sus árboles y arbustos y el blanco de las flores que en él habitaban. Era un bosque grande y frondoso lleno de lugares ocultos, de huecos en los árboles de hierba alta y frondosa. Un lugar ideal para esconderse y es a esto precisamente a lo que muchos días jugaban Saclae y Kareth. Aquel día no era distinto, ella corría por el bosque en busca de un escondrijo antes de que el chico terminara de contar. Primero se escondió en un claro de hierba alta, pero cuando oyó la voz del muchacho avisando que había acabado de contar pensó que era un sitio muy evidente y corrió a buscar otro escondite eligiendo debajo de una roca como lugar para esconderse. El chico la buscaba diciendo que iba a ser más fácil de lo que pensaba y ella corría escondiéndose de un lado a otro. Una de las veces cuando corría no se dio cuenta de que Thadeso, un anciano muy sabio que vivía en aquel bosque pero que tenía muy mal humor, estaba delante de ella recogiendo unas raíces. Era demasiado tarde cuando se percató de la presencia del sabio y antes de poder frenar chocó con él haciendo que se le cayeran las raíces que con esfuerzo había recogido. Antes de que ella pudiera decir nada el anciano con gran enfado se puso a gritar de manera exagerada.
-¡Pero muchacha! ¡Mira! ¡Mira lo que has hecho! ¿¡Tú crees que puedo estar todo el día recogiendo unas míseras raíces para que vengas tú, TÚ, toda alocada corriendo como una niña pequeña y me tires todas las raíces!?
-Disculpa... no era mi intención y no te vi...-se disculpó ella.
-¿Qué no me...? ¡¿Qué no me vistes?! ¡¿Entonces para que narices tienes esos ojos?! ¡¿De adorno?!-gritaba Thadeso.
-Ey tú viejo, cuida esa lengua.
Una voz dulce, profunda y burlesca con un tono molesto interrumpió la conversación. Sobre una roca se encontraba Kareth, que lo miraba de manera fija.
-¡¿Qué?! ¡Qué dices!-dijo Thadeso cada vez con peor humor.
-Que cuides tu lengua. ¿Estás sordo?
-Kareth...-dijo Saclae en un tono de aviso.
-¡Muchacho insolente! ¿Cómo puedes dirigirte a mí así? ¿No has visto? ¡Todo el trabajo de una mañana esparcido por el suelo!
-Comprendo que no sirvas para otra cosa nada mas que para recoger plantitas, es triste, pero no pagues con los demás tu inutilidad.
-¡Kareth!-le gritó Saclae enfadada al muchacho.
-¡Serás...!-dijo el sabio sacando su bastón-¡Te vas a enterar!
El chico sonrío de manera burlona y saltó de la roca para ponerse enfrente del anciano. Kareth era mucho mas grande que el anciano que lo miraba desafiante desde abajo con su bastón alzado. Kareth lo miraba con un aire de superioridad como si en cualquier momento pudiera atacarle. Saclae adivinando lo que iba a pasar se puso en medio de los dos regañando a su amigo.
-¡Ya Kareth déjalo! ¡No pasa nada!-le dijo empujando al chico para que se diera la vuelta y se fueran pero él decía refunfuñando:
-Este viejo debe aprender una lección.
-He dicho que ya, Kareth, vámonos ¿vale?
Él la miró y con un gesto de desaprobación con la cabeza, se giró y se marchó. Ella se agachó y recogió las raíces dándoselas al sabio pidiéndole de nuevo disculpas. Este al ver la acción levantó una ceja y dio un "gracias" desconfiado, se dio la vuelta y se marchó.

Saclae caminaba por el bosque buscando a Kareth.
-Kareth... No seas niño, sé que estás por aquí.
Caminó a lo largo de un camino mirando a todos lados hasta que por fin vio sobre la copa de un árbol gigantesco al chaval recostado que la miraba con cara de enfadado. Saclae suspiró y se dirigió a él:
-Kareth, baja del árbol... No puedes ser así de enfadica.
-No soy enfadica, eres tú la que no te haces respetar. ¿Cómo puedes dejar que esa miniatura te grite?
-Fue mi culpa y lo sabes.
-No es tu culpa que esté amargado.
-Pero si que le tirara las raíces. Baja y volvamos a casa.
-Hay veces que no te entiendo-repuso él con tono molesto.
-Pero aun así me quieres ¿no?-dijo burlonamente ella.
Él la miró fijamente y sin decir nada bajó del árbol y juntos se fueron a casa.

Aquella noche, cuando todos se iban a dormir pasó algo inesperado. Saclae se puso su pijama pero de pronto se dio cuenta de algo, su collar, el collar que llevaba al cuello había desaparecido. Preocupada y asustada lo buscó por todas partes pero no lo encontró. Kareth que entró en la habitación para desearle las buenas noches vio su gesto preocupado.
-¿Qué pasa?-dijo frunciendo el ceño.
-El collar-dijo ella con un nudo en la garganta- El collar de Tenebrosis, no lo tengo. No se dónde está... ¿Y si se cayó en el bosque? ¡Debemos ir a buscarlo!
-¡Tranquilízate! No son horas para ir a buscar el collar. No te preocupes, está encerrado, no pasará nada. Ve a dormir y mañana iremos a buscarlo.
-¿Tu crees, Kareth?
Kareth suspiró y sonriendo le dijo:
-Eso es lo que sé.
Ella se quedó mas tranquila y se fue a dormir.

Pero un poco alejado de allí en el bosque, la luz de la luna se reflejaba en algo que había entre la hierba haciéndolo brillar. Una criatura que volaba por allí vio el brillo y en un rápido movimiento tomó el objeto y se lo llevó a su nido.
Cerca del bosque sobre una colina, una pequeña niña sentada al lado de un hombre miraba atentamente el bosque.
-¿Sientes eso, Monnry?-dijo la pequeña con su traviesa voz-¡Está aquí! El hombre con un grito bajó corriendo la colina y ambos atravesaron el bosque despacio.
-Puedo sentirlo-dijo la niña-¡Está cerca! ¡Muy cerca!
Los dos llegaron a un claro y se detuvieron un instante.
-¿Notas algo?-preguntó el hombre.
La niña miró a su alrededor sin decir nada pero de pronto una gélida voz que parecía salir del mas allá pronunció su nombre.
-Joanne, Joanne
La pequeña alzó la mirada hacia la copa del árbol que tenía enfrente y sus ojos azules y grandes brillaron de la ilusión.
-¡Señor! ¡Señor, estoy aquí!-dijo la pequeña visiblemente contenta.
-Libérame, Joanne- ordenó aquella siniestra y maligna voz. Joanne miró a todos lados como loca y luego se detuvo mirando al cielo como si pensara.
-¡Espera! -dijo aplaudiendo-¡Monnry, embiste el árbol!
El corpulento homre levantó una ceja pero prefería no preguntar, dio unos pasos hacia detrás y luego embistió con fuerza el árbol haciendo caer un nido de él. Joanne y el hombre se acercaron al nido y vieron un colgante con forma de luna que sujetaba una piedra negra que brillaba fantasmagóricamente.
-¡Señor!-dijo emocionándose Joanne y tomando el colgante en sus manos. Pronto la felicidad desapareció de sus ojos y se volvieron, mal intencionados. Con una sonrisa malvada alzó el colgante y sus ojos comenzaron a lucir con una luz roja intensa, de sus manos salía una energía oscura que envolvía el colgante.
-¡Señor de las Tinieblas! ¡La última Estrella! ¡Ultima Arma de la Tenebrosa! ¡Sal! ¡Sal de tu prisión!
Al decir estas palabras la piedra del colgante estalló y una nube negra llego al cielo cubriendo el bosque.
Inmediatamente la figura de un diabólico humano emergió de ella cubierto con una túnica totalmente negra. Este extendió los brazos mirando al cielo nocturno, como si respirara por fin para después cerrar sus esqueléticas manos en un puño y bajarlos con fuerza haciendo que unos rayos morados y chispeantes saliesen de sus manos. Aquel zafara levitaba a la altura de la copa del árbol de donde había caído el nido que contenía el colgante. Después de observar todo el bosque desde aquella altura, dirigió su mirada a la pequeña niña. Sus ojos eran dos esferas negras que tenian un brillo de maldad muy acusado en ellos lo que permitía que otros pensaran lo que aquella criatura planeaba. Con una sonrisa de aquellos dientes a los que no les cubrían los labios, pues era un esqueleto aquel hombre en sí mismo, se escuchó su voz de ultratumba de nuevo esta vez con visible alegría y conformidad.
-Joanne, lo has hecho muy bien. Ese colgante me ha mantenido encerrado todo este tiempo, tiempo en el que he reflexionado y pensado acerca de lo que he de hacer... Pero, no hablaremos aquí. Nos dirigiremos al Castillo de mi Señora Tenebrosa y allí verás el nuevo mundo que está por nacer.
-¡Si, Señor Tenebrosis!
Con aquellas palabras, la túnica del esqueleto se desvaneció convirtiéndose en una nube negra que rápidamente bajó hasta donde estaba Joanne y Monnry rodeándolos a los dos y dejándolos en su interior. La figura de Tenebrosis también desaparecio y la nube negra viajó por el pais a toda velocidad aquella noche. La gran mayoría de personas que dormían no se dieron cuenta, pero otros temblaron al sentir que una presencia mas maligna que ninguna otra pasaba sobre sus cabezas y se tapaban con sus cobijas estando seguros que sería una mala pesadilla…
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